sábado, agosto 26, 2006
viernes, agosto 25, 2006
La cocina de mi tierra II - Papas Andinas


El sabor y el contenido nutricional es diferente; no sólo tienen más calcio y potasio que las comunes, sino que también se digieren mucho mejor. Las papas andinas tienen un sabor terroso más parecido al sabor original de la papa, algo que muchos no conocen.
Estas papas no se pelan, se lavan bien y se cuecen.
Yo voy a presentar dos alternativas posibles de consumo.
Papas andinas al vapor con salsa de soja:
Es muy sencillo, se lavan las papas y se cocinan al vapor, se dejan entibiar y se sirven en cazuelas con salsa de soja, sal y jugo de limón. Una delicia para los que se atreven a probar.
Papas andinas al romero
Esta receta es un poco más tradicional y menos atrevida, los sabores del ajo y el romero nos son más familiares, y combina muy bien con carnes asadas.

Primero hay que poner unas gotas de aceite de oliva en una sartén, pelar en diente de ajo y frotarlo por toda la sartén. Cubrir el fondo la mitad con manteca y la mitad con aceite de oliva, colocar las papas cortadas en mitades (previamente cocidas al vapor) y "boca abajo".
Salpimentar a gusto y espolvorear con romero, ir agregando aceite y manteca cuando sea necesario. Una vez que la parte de abajo está dorada...GLUP!
lunes, agosto 21, 2006
viernes, agosto 18, 2006
Salseando
El domingo organizamos un almuerzo de pasta party, con diferentes tipos de pastas (ravioles, ñoquis y fideos fucile) y 4 tipos distintos de salsas. Mi mamá preparó una salsa bolognesa y una parisienne. Yo yo preparé una salsa verde de espinacas y una de roquefort. 
Las que yo preparé son bastante sencillas (ya ven que no me esmeré ni en los recipientes), pero la verde fue un verdadero éxito (lo que a decir verdad me sorprendió bastante). Acá van las recetas:
Salsa de queso azul
Es muy sencilla, lleva 200 gs de queso azul, 200 cc de crema de leche y queso parmesano rallado a gusto.
Se derrite el roquefort a fuego muy bajito, se le agrega la crema y por último el queso rallado. Se calienta y está lista para servir.
Salsa verde de espinacas
(también denominada: vómito de marciano, pero no hay que guiarse sólo por las apariencias ;)
Cocinar dos paquetes de espinacas al vapor, dejarlos enfriar y convertirlos en crema con la minipeemer, condimentar con sal y nuez moscada, agregarle 200 cc de crema de leche y un poco de queso rallado. calentar a fuego bajo y servir.
Es riquísima!

Las que yo preparé son bastante sencillas (ya ven que no me esmeré ni en los recipientes), pero la verde fue un verdadero éxito (lo que a decir verdad me sorprendió bastante). Acá van las recetas:
Salsa de queso azul
Es muy sencilla, lleva 200 gs de queso azul, 200 cc de crema de leche y queso parmesano rallado a gusto.
Se derrite el roquefort a fuego muy bajito, se le agrega la crema y por último el queso rallado. Se calienta y está lista para servir.
Salsa verde de espinacas
(también denominada: vómito de marciano, pero no hay que guiarse sólo por las apariencias ;)
Cocinar dos paquetes de espinacas al vapor, dejarlos enfriar y convertirlos en crema con la minipeemer, condimentar con sal y nuez moscada, agregarle 200 cc de crema de leche y un poco de queso rallado. calentar a fuego bajo y servir.
Es riquísima!
martes, agosto 15, 2006
Masa Madre
en la esquina de Olleros y Fraga, el restaurant que estaba en Villa Crespo ahora se mudó a Palermo Hollywood, a un local chiquito, con pocas mesas en un ambiente íntimo y distendido.
La carta es acotada pero interesante, la opción es por la comida étnica y saludable. Yo pedí un plato indú, de vegetales salteados, especiado y condimentado, con pan de pita. Y mi compañero pidió el plato de salmón con vegetales salteados y salsa de soja. La comida es abundante.
Como la oferta de postres era demasiado suculenta, pesada o poco original, optamos por tomar un té de jengibre, que viene con los pedacitos de raíz cortada (que después chupamos maniáticamente) sumergidos en agua bien caliente.
La carta es acotada pero interesante, la opción es por la comida étnica y saludable. Yo pedí un plato indú, de vegetales salteados, especiado y condimentado, con pan de pita. Y mi compañero pidió el plato de salmón con vegetales salteados y salsa de soja. La comida es abundante.
Como la oferta de postres era demasiado suculenta, pesada o poco original, optamos por tomar un té de jengibre, que viene con los pedacitos de raíz cortada (que después chupamos maniáticamente) sumergidos en agua bien caliente.
No sé si es caro porque me invitaron, pero seguro que los precios se mudaron también al entorno "cool". El servicio es un poco lento, pero la comida sigue igual de rica y original.
Masa Madre
Olleros 3.891
TE: 4554-4555
Masa Madre
Olleros 3.891
TE: 4554-4555
lunes, agosto 07, 2006
Callémonos un rato
Hemos hablado mucho, compatriotas,
¿por qué no nos callamos
para que las palabras se maduren
en medio del silencio
y se vuelvan arroz,
cajas de pino, escobas,
duraznos y manteles?
Hacemos mucho ruido
y repetimos la palabra muerte
hasta que la matamos.
Decimos mucho corazón
y gastamos el fruto más hermoso del pecho.
Lo que importa es el río,
no su nombre.
Lo que interesa es pan
y no discursos
sobre las propiedades de la harina.
El mar es bello porque es mar
y no porque lo cantan los poetas,
y existirían piñas
aunque no se llamaran como se llaman.
Bajo la tierra crece la semilla
porque el surco no habla
ni le pone adjetivos a la espiga.
Un hombre que se calla largamente
se convierte en camino
y si guarda silencio su mujer
puede volverse viaje.
Callémonos un rato,
al menos para ver qué le sucede
a la palabra uva.
Es posible que crezca y se derrame
hasta llenar el mundo de dulzura
y cascadas de vino.
Carlos Castro Saavedra
¿por qué no nos callamos
para que las palabras se maduren
en medio del silencio
y se vuelvan arroz,
cajas de pino, escobas,
duraznos y manteles?
Hacemos mucho ruido
y repetimos la palabra muerte
hasta que la matamos.
Decimos mucho corazón
y gastamos el fruto más hermoso del pecho.
Lo que importa es el río,
no su nombre.
Lo que interesa es pan
y no discursos
sobre las propiedades de la harina.
El mar es bello porque es mar
y no porque lo cantan los poetas,
y existirían piñas
aunque no se llamaran como se llaman.
Bajo la tierra crece la semilla
porque el surco no habla
ni le pone adjetivos a la espiga.
Un hombre que se calla largamente
se convierte en camino
y si guarda silencio su mujer
puede volverse viaje.
Callémonos un rato,
al menos para ver qué le sucede
a la palabra uva.
Es posible que crezca y se derrame
hasta llenar el mundo de dulzura
y cascadas de vino.
Carlos Castro Saavedra
viernes, agosto 04, 2006
Aprender a comer con palitos
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